Los churros es uno de los principales manjares de nuestro país que, lejos de dañarse con el paso del tiempo, se ver fortalecido con el paso de los años. El churro es sinónimo de tradición es España y podemos encontrar históricas churrerías así como churrerías ambulantes que recorren los rincones más preciados de nuestro territorio.
Cada churrería tiene un ambiente propio así como su propia receta y forma de elaborar los churros. En algunos sitios se hacen alargados, en otros doblados, acanalados, friendo más o menos la masa, con o sin azúcar espolvoreada, etc. Todo es cuestión de gustos del maestro churrero o de la demanda de sus clientes.
Llega la época estival y, con ella, las vacaciones de verano. Entre los meses de junio, julio y agosto se celebran las fiestas patronales de gran parte de los municipios de nuestro país. Las fiestas de los pueblos van de la mano de las ferias y, éstas a su vez, de las churrerías. ¡Qué sería de las casetas, los coches de choque, el tiovivo o el tren de la bruja sin una churrería al lado!
El ambiente de feria y fiesta va siempre acompañado del aroma y el olor de las churrerías. Las luces de colores, el sonido de la música y de las sirenas, las tómbolas y las casetas de tiro llenas de peluches, el olor a churros y fritanga… son un sinónimo de identidad “made in Spain”.
Lo más típico es tomar un buen chocolate con churros para desayunar o como merienda, pero su equilibrado contraste de sabores, la mezcla de dulzura y amargura del chocolate con los aromas salados y aceitosos del crujiente churro hacen que sea la combinación perfecta para cualquier momento del día.
