En España, ya sea en una ciudad como Zaragoza, en la playa o en la montaña se consumen numerosos churros a diario. Los meses fríos la perfecta combinación de churros y chocolate ofrece unos elevados niveles de venta, pero en verano sucede lo mismo. ¿La razón?

En invierno son un arma poderosa para combatir el frío y, en verano, la gente sale más a la calle y es la propuesta perfecta después de una noche de fiesta.

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